
A veces es claro este sentir que se vuelve idea, que se hace pensamiento, y lo enredado se hace claro, VISIBLE y me parece evidente como la luz de la mañana.
Lo que no se mira, lo que no está ahí… ahora está.
Entiendo que lo que nos resulta evidente hay que decírselo a quien le debe ser dicho, sin arreglos, sin retoques de fantasía, sin parafernalias ni malabares de saltimbanqui o de grácil bailarina. Porque no hay nada que ocultar, no hay de qué desconfiar, cuando se es transparente.
Decir las cosas claras aclaran mi vida y mi entorno. Uno puede mirarse a sí mismo ya no a través de gráficas y estadísticas de amplio barrido, pero de poca precisión, sino claramente, como a través de un cristal pulido, sin manchas, sin distorsiones, las cosas claras, la mirada limpia.
Sin embargo, hay un hombre invisible, (que no lo veo, pero él sí a mí) que no me deja vivir transparentando mi ser, diciendo lo que realmente creo, viviendo de lo que pienso... aquel hombre invisible está en mí y me opaca, en mis miedos, en mis angustias… es el temor de mostrarme como quien yo soy.
Entiendo que lo que nos resulta evidente hay que decírselo a quien le debe ser dicho, sin arreglos, sin retoques de fantasía, sin parafernalias ni malabares de saltimbanqui o de grácil bailarina. Porque no hay nada que ocultar, no hay de qué desconfiar, cuando se es transparente.
Decir las cosas claras aclaran mi vida y mi entorno. Uno puede mirarse a sí mismo ya no a través de gráficas y estadísticas de amplio barrido, pero de poca precisión, sino claramente, como a través de un cristal pulido, sin manchas, sin distorsiones, las cosas claras, la mirada limpia.
Sin embargo, hay un hombre invisible, (que no lo veo, pero él sí a mí) que no me deja vivir transparentando mi ser, diciendo lo que realmente creo, viviendo de lo que pienso... aquel hombre invisible está en mí y me opaca, en mis miedos, en mis angustias… es el temor de mostrarme como quien yo soy.
Busco ser transparente, ser auténtico, pero así mismo, cuando creo que he mostrado demasiado, me arrepiento, no quiero ser incomprendido, despreciado, y busco caer en el olvido, desaparecer in situ, ser invisible, desvanecerme... es ahí cuando soy un hombre invisible por propia voluntad y de poca monta, es ahí cuando los recursos sobran: soledad y silencio, unas veces, multitud y ruido, otras...
Es allí que me pregunto a mí mismo: ¿Dónde estás, dónde está tu mirar, tu oír, tus palabras, tu sentir…?
No sé, no sé.... susurro... o grito... se va, se van como el viento, como huracán, no estoy yo aquí, me voy… simplemente no sé qué decir, no he podido salir de mi caparazón… es sentimiento de culpa, es ensimismamiento, es frustración…
Pero el hombre invisible no es transparente, no es un farsante tampoco ataviado de engaños, es simplemente un NO SER, inflexible y tácito. Por eso, como papel chamuscado, se cocen en mi alma los escritos de mi lucidez y claridad, aquello que debo decir en el momento preciso y a la persona correcta, a la persona que lo merece, por ver y oír, por tocar y amar, no se lo digo, no lo menciono, porque soy invisible a mis propios pensamientos, palabras, decisiones, escritos...
Pero el hombre invisible no es transparente, no es un farsante tampoco ataviado de engaños, es simplemente un NO SER, inflexible y tácito. Por eso, como papel chamuscado, se cocen en mi alma los escritos de mi lucidez y claridad, aquello que debo decir en el momento preciso y a la persona correcta, a la persona que lo merece, por ver y oír, por tocar y amar, no se lo digo, no lo menciono, porque soy invisible a mis propios pensamientos, palabras, decisiones, escritos...
El hombre invisible desaparece mi identidad y mi valor, me hace ajeno a la verdad y a la reconciliación, a la paz interior, me fagocita y encapsula dentro de un plano irreal. Son brotes de espinas en el espeso mar de mi destino, son luciérnagas cautivas en el amanecer de mi desilusión. No hay brillo, no hay sombras, no hay más que vacío sobre vacío, sumo descontrol, efímeras salidas y paredes tras cada esquina…
Ese hombre, esa mujer, invisibles, tenues, humanidades disidentes… Hombres invisibles unidos a mujeres invisibles no obtienen su cura, son invisibles el uno para el otro, ninguna relación real existe entre ellos porque no pueden ver sus corazones invisibles.
Por eso, la transparencia es camino hacia la verdad, es camino de libertad, es vida en la vida, melodía en la canción, Ilusión bien encaminada hacia la Alegría... Así se puede ver el interior y ver que hay vida dentro y que es clara y lucida.
Por eso, la transparencia es camino hacia la verdad, es camino de libertad, es vida en la vida, melodía en la canción, Ilusión bien encaminada hacia la Alegría... Así se puede ver el interior y ver que hay vida dentro y que es clara y lucida.
Creo que el hombre invisible y sus ciudadelas de espejos, si se aclara el propio interior, se irán, desenredarán su cristalizada maraña, sus insípidas promesas de cómodas cuotas y felicidades instantáneas en un paraíso que no se ve y que no existe, invisible, irreal, que sólo es pálida letra, crisálida obsoleta.
Ahora es momento de ser transparente, es un hábito que se construye, que se da, que se muestra a plena luz y que hace salir a flote aquellos restos de aún dura textura que deben recibir el fulgor y el resplandor de las certezas, así como el remecer del oleaje fresco y tempestuoso, y también es virtud que hace salir tesoros escondidos, cofres donde se halla lo que somos, lo que amamos, lo que hemos aspirado, lo que aún incluso oxidado somos y tenemos y que nadie arrebatará de nuestras manos, de nuestra vista, porque visibles o invisibles, ahí están, y felices, los aceptamos.
Ahora es momento de ser transparente, es un hábito que se construye, que se da, que se muestra a plena luz y que hace salir a flote aquellos restos de aún dura textura que deben recibir el fulgor y el resplandor de las certezas, así como el remecer del oleaje fresco y tempestuoso, y también es virtud que hace salir tesoros escondidos, cofres donde se halla lo que somos, lo que amamos, lo que hemos aspirado, lo que aún incluso oxidado somos y tenemos y que nadie arrebatará de nuestras manos, de nuestra vista, porque visibles o invisibles, ahí están, y felices, los aceptamos.

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