domingo, 18 de mayo de 2008

Prefiero esto a no haber escrito nada.


Veo una meta, pero he caído.
Veo mis sueños, pero todos por el suelo.
Veo grandeza pero no tan seguido, veo bajeza y me veo al espejo.
Veo al espejo roto y despierto y sueño y duermo cansado de tanto soñar.
Espero despertar, o por lo menos soñar despierto.
Espero nunca más dormitar cuando me toque decidir qué hacer.
Espero romper con mis negligencias, espero contraer mis emociones, espero renunciar a mi indecencia, construir un negocio que me abone activos, emular un suceso de grandiosas expectativas, saberme amado, saberme acompañado, no traicionar y poner en su lugar a las ideas irracionales, falacias agresivas, ser claro y eficiente, ser un buen puente, hacer lo verdaderamente digno de mí y no ser un objeto de autocompasiva espesura.
Quiero ser la gloria de un reino, por siempre ser un buen yerno y fabricar palacios y castillos de donde no se espera que broten ladrillos.
Quiero poner en su lugar a mis emociones y cantar y danzar y rezar rosarios por montones.
Espero poner en su lugar a mis demoníacas legiones y ser amo y señor de mi parsimonia, y adentrarme sin sufrir inconciencia y saber medir y poner mis decisiones en su lugar respectivo, según la temperatura del ambiente, en las íes respectivas sus puntitos respectivos, como dice la ortografía sabia, y luego tachonear cuantiosos cuadernos, como dicen mis improvisados lapsus violentus. Prefiero los puntos en las íes que cuadernos tachoneados, prefiero mi cama tendida que miles de restos de pijama, prefiero esto a no haber escrito nada.

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